Revelan la relación entre lesiones cerebrales y el impulso de matar


Un grupo de científicos comparó el caso del 'francotirador de Texas' con otros 16 asesinos con patologías neurológicas y descubrió que en todos ellos la enfermedad había afectado una misma red de neuronas.




En las semanas previas a la reciente masacre en la escuela de Parkland, en Florida, la revista oficial de la Academia de Ciencias de EE.UU. publicó un estudio comparativo de los posibles motivos médicos del primer tiroteo registrado en un campus estadounidense. Se produjo el 1 de agosto de 1966 en Texas y el caso es muy conocido en el país, al igual que su perpetrador: el exmilitar Charles Whitman.

Durante décadas circuló en el mundo científico la hipótesis de que el terrible crimen múltiple que cometió ese hombre pudo estar asociado con un pequeño tumor cerebral que los forenses descubrieron en su cráneo. La nueva investigación, realizada por tres neurólogos y un experto en psicología moral, ha confirmado que existe una relación entre las lesiones cerebrales y el impulso de matar.

El crimen y la autopsia

Whitman acuchilló a muerte a sus dos seres más queridos: su madre y su mujer. Acto seguido, se armó con tres pistolas, dos fusiles y una carabina, se subió con ellos al edificio más alto de la ciudad de Austin y se puso a disparar indiscriminadamente contra quienes podía alcanzar. Sus disparos acabaron con otras 14 personas y dejaron múltiples heridos.

Después que el delincuente fuera abatido, se reveló que durante el último año de su vida estuvo aquejado por dolores de cabeza. La autopsia descubrió un tumor de 2x1,5 centímetros junto al tálamo del asesino. Con posterioridad, los fisiólogos determinaron que esa lesión no solo podía causar el dolor, sino presionar sobre el cuerpo amigdalino del cerebro y alterar el comportamiento.
Sesos asesinos

Whitman sentía un conflicto entre su afecto por las personas y su propensión a un comportamiento asesino. Horas antes de la matanza, escribió en su diario que no entendía sus propios motivos y le faltaba la lógica para explicarlos. El estudio atribuyó aquella incapacidad a la pérdida de la libre voluntad por causa del tumor.

Los científicos encontraron otros 16 casos en que los asesinos padecían de lesiones cerebrales. No hubo una región cerebral única que estuviera dañada en todos los casos. Sin embargo, funcionalmente todas las áreas patalógicas estaban conectadas en una misma red.

Los tumores u otras lesiones habían afectado en los delincuentes los centros de control moral y de toma de decisiones basadas en valores, como también la responsable de razonamientos teóricos. Al mismo tiempo, las regiones involucradas con el control cognitivo y la empatía permanecían intactas.
Dos detalles curiosos

Charles Whitman fue un asesino único, pues pensó y pidió destinar la cobertura de su seguro médico a la prevención de tragedias semejantes a la que él iba a ocasionar. Abordó el tema en una nota que dejó junto al cuerpo sin vida de su mujer, pidiendo hacer una donación anónima a alguna fundación de salud mental.

A finales del 2014, los sesos del 'francotirador de Texas' desaparecieron misteriosamente de la colección de la Universidad local.

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