Así se prepara la gente para una posible catástrofe nuclear


La venta de búnkeres privados está en auge. Estos refugios pueden costar entre miles y varios millones de dólares según sus prestaciones, tamaño y lujo de su decoración interior.



Ataques terroristas, desastres naturales o posibles invasiones. El miedo a las catástrofes o a una guerra nuclear contribuye a que el número de búnkeres siga aumentando año a año en Rusia. Hoy día, crear un refugio confortable que esté totalmente preparado para ayudar a sobrevivir a este tipo de amenazas es algo factible, informa la agencia RIA Novosti.
Numerosas páginas web proveen la información necesaria para construir una fortificación subterránea en pocos pasos, mientras que la popularidad de las empresas que ofrecen sus servicios para crear un búnker privado sigue en aumento.
Cada cliente puede determinar el tamaño y la profundidad del refugio, su decoración y equipamiento y el tiempo que se puede pasar en él, que puede llegar hasta varias semanas. Todo ello hace que los precios varíen enormemente. En Moscú, los presupuestos pueden oscilar entre unos 50 mil dólares y varios millones.
"La opción más sencilla le costaría tres millones de rublos (unos 50 mil dólares). En el precio influye el número de peligros de los cuales usted quiera escapar", explica a RIA Novosti un ingeniero de una empresa que construye búnkeres. "Puede ser lo que sea: una explosión nuclear, hostilidades, desastres naturales o uso masivo de armas químicas y bacteriológicas", añadió, señalando, sin embargo, que este tipo de construcciones no pueden resistir el impacto directo de una bomba nuclear.
Este modelo básico de búnker tiene una estructura de acero de doce metros de largo y capacidad para acoger a unas ocho personas. Su instalación se hace a unos cuatro metros bajo tierra.
El refugio subterráneo más caro y lujoso que construye esta empresa cuenta con una superficie de 300 metros cuadrados y garantiza la máxima seguridad y comodidad para 25 personas, aseguran. Está específicamente construido para resistir un ataque nuclear y se construye a unos seis metros bajo tierra.
Además de los elementos habituales en un búnker, como sistemas de recuperación de aire, generadores eléctricos o sistemas de refrigeración, estos refugios cuentan con trajes protectores y máscaras antigás para que la gente pueda salir al exterior para disfrutar de paisaje apocalíptico.
No obstante, no es necesario gastar miles de dólares para sentirse seguro. Según sostiene la agencia, la mayoría de las grandes ciudades cuentan con cientos de refugios y sótanos de doble uso que pueden ofrecer protección en caso de un ataque. Así, la capital de Rusia, Moscú, tiene unos 300 kilómetros de túneles subterráneos. En tiempos de paz, la mayoría de ellos se utilizan como estacionamientos, lavaderos de autos, cafeterías o tiendas.
Una de las construcciones subterráneas más impresionantes de Moscú que pueden ser utilizadas con este fin es el metro. Tras la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno soviético resolvió equipar las estaciones de la red para que sirvieran como refugio ante un posible ataque nuclear. Por este motivo, muchas de las plataformas se encuentran a más de 85 metros de profundidad y disponen de un complejo sistema que permite el aislamiento del exterior sin sufrir pérdida de oxígeno.

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